Por eojer, hace 7 meses y 25 días
Antonio Fontán o el magisterio de la libertad
Antonio Fontán saluda al Rey, de quien fue profesor. *Foto: cedida*
Resulta difícil que una persona reúna tantas facetas distintas y que en
todas ellas se distinga y sea reconocido. Antonio Fontán fue uno de esos
privilegiados, y todos los que pasaron por su magisterio en el periodismo, en
la política y en la universidad, han dejado abundantes muestras de su
admiración por su figura, homenajeada habitualmente durante los últimos
diez o quince años. También en mi caso, cuando investigué y escribí tanto
la historia del diario Madrid que él dirigió entre 1967 y 1971, como la
historia de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra que él
empezó en 1958. Se nos ha ido un hombre polifacético, un brillante
intelectual y, sobre todo, una gran persona generosa siempre con su tiempo,
que ha dejado además una importante huella, siempre con su amplia mentalidad
liberal y de cristiano consecuente con su fe.
Catedrático de Latín desde 1949, su vocación por la política le llevó a
introducirse en la vida pública a finales de los años cuarenta. No le
importó bajar a la arena periodística y obtuvo el carné de periodista en
la Escuela Oficial de Madrid en los años cincuenta. Ya en aquellos
tempraneros tiempos, fundó revistas como La Actualidad Económica (1952) y
Nuestro Tiempo (1954), llamadas a tener una larga vida. Cuando San Josemaría
Escrivá quiso que la Universidad de Navarra ofreciera, por vez primera en
España, unos estudios universitarios de Periodismo, se lo encargó a él.
Tomando como base las experiencias de centros de formación y estudio del
periodismo en universidades de Estados Unidos y de otros países de la Europa
occidental, comenzó el Instituto de Periodismo en 1958, del que fue director
hasta 1962. Los miles de periodistas y profesionales de la comunicación que
han salido de las aulas de Navarra le deben mucho a quien tuvo la valentía
de ser pionero en integrar el periodismo en la universidad española.
La etapa más conflictiva de su vida vino cuando asumió la dirección del
diario Madrid en abril de 1967 a petición de Rafael Calvo Serer, presidente
de la empresa editora desde un año antes. Este periódico, crecientemente
crítico con el régimen de Franco debido a la escasa apertura política que
desplegó, acabó siendo cerrado por orden gubernamental en noviembre de 1971
después de haberle sido incoado una veintena de expedientes, varios de los
cuales acabaron en sanciones económicas e incluso una suspensión de cuatro
meses en mayo de 1968. Fontán defendió y garantizó la independencia del
proyecto periodístico del Madrid frente a las amenazas de una forma
ejemplar. Todos los trabajadores del periódico, como le escribieron al
presentar él su dimisión un mes después del cierre, “hemos sabido
apreciar su hombría de bien y su sentido de lealtad hacia todas las personas
que han venido haciendo el periódico”.
Este hecho, junto con la labor política desplegada en los años de la
Transición a la democracia, dentro de la Unión de Centro Democrático, como
presidente del Senado en la legislatura constituyente y después como
ministro de Administración Territorial, fueron claves para que el año 2000
el Instituto Internacional de Prensa le nombrara uno de los 50 héroes de la
libertad de prensa en el mundo en la segunda mitad del siglo XX. En la lista
figuraban periodistas de renombre como el italiano Indro Montanelli, el
polaco Adam Michnik, el francés Hubert Beuve-Méry, la norteamericana
Katharine Graham y el argentino Jacobo Timerman. Fue un héroe sereno al
estilo de su admirado Séneca. Fue un profesor, periodista y político de
claras lealtades humanas, religiosas e ideológicas, implicado de lleno en
sus pasiones políticas como buen monárquico-liberal, intelectuales como
buen catedrático, y periodísticas como buen maestro de redacciones.
Él no se consideraba como maestro o formador de políticos, periodistas e
intelectuales. En una entrevista que le realizaron en el año 2000 dijo al
respecto: “No soy ni he querido ser nunca formador de nadie. Ni en la
política, ni en la universidad, ni en la prensa. He procurado alentar la
libertad de todos los que andaban cerca de mí en cualquiera de esos
campos”. Supo ejercer con talento, podemos decir para no contradecirle, el
magisterio de la libertad. Fue un gran aglutinador de gentes y, en todas las
facetas de su vida, supo formar equipos porque tenía una especial capacidad
de convocatoria. Difícilmente una persona tan involucrada en ámbitos tan
espinosos y dados a la controversia ha logrado suscitar tan unánimes
reconocimientos y adhesiones. La calidad humana y profesional de Antonio
Fontán, su vida bien cuajada de empresas que han dejado huella, tienen buena
parte de culpa en ello.
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Carlos Barrera
Profesor de la Facultad de Comunicación (Universidad de Navarra)
/*Artículo publicado en Diario de Navarra*/
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*Otros obituarios publicados en la prensa: *
Antonio Fontán y los extraterrestres - El País (pdf) [1]
El mundo sin Fontán - ABC (pdf) [2]
Compromiso católico, talante equilibrado - El Mundo (pdf) [3]
Antonio Fontán, un enamorado de la libertad - Diario de Noticias (pdf) [4]
Antonio Fontán, un gran universitario - El País (pdf) [5]
[1] http://www.unav.es/informacion/sites/default/files/150110_1.pdf
[2] http://www.unav.es/informacion/sites/default/files/150110_3.pdf
[3] http://www.unav.es/informacion/sites/default/files/150110_2a.pdf
[4] http://www.unav.es/informacion/sites/default/files/150110_4.pdf
[5] http://www.unav.es/informacion/sites/default/files/160110.pdf