Excelentísimo Sr. Rector Magnífico
Autoridades académicas
Compañeras y compañeros de trabajo universitario galardonados
Amigos todos
Me corresponde el noble y gustoso deber de agradecer el honor que hemos
recibido algunos de los aquí presentes: la Medalla de Plata de la
Universidad. Mis palabras, se encuadran, como no podía ser de otra manera,
en el contexto del afecto; y, al mismo tiempo, del rigor académico propio de
un acto de esta naturaleza.
Debo comenzar diciendo que no me resulta fácil exponer mis ideas y
sentimien-tos muy dispares y entremezclados – casi embrollados – y que se
resisten a seguir cualquier orden. En un primer momento pensé: /cuántas
cosas en tan poco tiempo/ y a la vez /qué poco he hecho en tanto
tiempo…/
En cualquier caso, entiendo que se aprecia en todos nosotros un pensamiento y
hondo sentimiento de gratitud.
Gracias, en primer lugar, al Fundador de la Universidad que supo impulsar una
Universidad en la que el servicio – tantas veces oculto, y pienso ahora
sobre todo en el personal no docente – es, en sí mismo un honor. Por eso
quienes /servimos /en esta Universidad nos sentimos asimismo honrados.
Digo esto porque en el oficio enviado por el Rector se lee:
/“Me es muy grato comunicarle que el Excmo. Sr. Vicecanciller ha tenido a
bien concederle la Medalla de Plata de la Universidad, en reconocimiento por
los va-liosos servicios prestados a esta Corporación desde hace veinticinco
años”/.
El texto, inicialmente, me produjo cierta perplejidad… /valiosos
servicios/… Es decir, se nos concede la Medalla por hacer lo que debíamos
hacer: servir: hacer sencillo lo que a otro le resulta más complejo. Misión
en la que participamos todos: docentes y personal de servicios.
Gracias, en segundo lugar, a la propia Universidad, que – fiel a su
espíritu fun-dacional – ha confiado plenamente en cada uno de nosotros y
nos ha encarga-do tareas y cometidos muy dispares (permanentes unos,
innovadores otros), pero en los que realmente se aprecia que tanto en los
puestos más humildes como en los que pueden parecer de más relevancia,
somos importantes.
Y gracias, en fin, a todos, presentes y ya ausentes, que a lo largo de estos
años han hecho de la Universidad de Navarra una universidad de excelencia:
en la que no se improvisa; se cultiva, se cincela, se esculpe día a día.
Una Universidad en la que se vive en un clima de libertad solidaria; de
trabajo en equipo en el que todas las personas de la corporación
universitaria están implicadas en la común tarea educativa creando un clima
de trabajo en el que se aprende por ósmosis la importancia que tiene el
trabajo bien hecho, el servi-cio desinteresado, el interés real por los
demás y la alegría, que se transparen-ta, incluso, en la limpieza de los
edificios y en la armonía del Campus.
Se me vienen a la cabeza grandes maestros de los que aprendí un envidiable
estilo universitario marcado por su dedicación, su disponibilidad, su
sincera amistad y por encima de todo, su bonhomía.
Recuerdo también alumnos que han llegado lejos… Al leer, hace unos días,
las palabras de un profesor que glosaba el trabajo de los primeros tiempos de
la Universidad me encontré con el siguiente texto:
/«Se trataba, en definitiva, de seguir un consejo que nos había dado el
Fundador de la Universidad, cuando nos pedía que no le hiciéramos pajaricos
chicos. “Hacedme águilas. De pequeños son iguales”. La diferencia entre
unos y otros estaba en la magnanimidad que debíamos imprimir a nuestras
actuaciones»/.
Quedan muchas cosas que han dejado honda impronta y en las que no me puedo
detener porque el tiempo corre inexorable… todas esas personas y esas cosas
hacen de la Universidad algo más que una empresa. La Universidad de Navarra,
además de llevarla en la cabeza y de ocupar nuestros esfuerzos
inte-lectuales, la llevamos en el corazón.
Por todo esto y, valiéndome de las con palabras del clásico castellano,
diría que:
/"si no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras obras,
pongo en su lugar los deseos de hacerlas,
y cuando éstos no bastan, las publico;
porque quien dice y publica las buenas obras que recibe, también las
re-compensara con otras, si pudiera"/.
Nada más. Muchas gracias.